martes, 10 de enero de 2017

Rumbo al Sur..

Después de cuatro día en Bombay seguimos viaje, nos vamos para el sur, a Goa, dónde dicen está la fiesta de India, las playas, la buena vida.. veremos con qué nos encontramos. Por lo pronto queremos una cama cómoda y un cuarto silencioso para alejarnos aunque sea por un rato de todo lo que nos rodea..

Bombay es enorme, sin embargo lo que recorre el turista es sólo la península, como contaba en el post anterior el barrio de Colaba y del otro lado Marine Drive. Barrios con autos de lujo, restaurantes carísimos y algunos hoteles que destacan. Los dos con sus costas, sus paseos. Colaba con su Puerta de India y el gran hotel Taj Palace y Marine Drive con shoppings y una costa que invita a ver los mejores atardeceres.

Atardecer en Marine Drive

Por fuera de estos barrios está la verdadera Bombay, las mismas calles caóticas repletas de tuc tuc (en Colaba y Marine Drive no están permitidos), hordas de gente y suciedad, por todos lados. 
Por nuestra parte conocimos la parte bonita (que vino muy bien) y viajamos en el tren local, ese que van todos agarrados de la puerta con medio cuerpo afuera a pesar de que el vagón vaya vació a ellos les encanta viajar ahí! Nos fuimos a Juhu Beach. Un barrio bastante alejado del centro y con playa. Si se le puede decir así. Bueno no teníamos demasiadas expectativas, basta con ver cómo se comportan ya podés imaginarte cómo estará la playa. Y sí, basura por todos lados, en la arena y en el mar. Son playas muy amplias pero un mar marrón y arena con botellas y papeles que el mar trajo de vuelta. Llegamos y empezamos a caminar, en un sector se concentraban varias familias indias, claro que todos completamente vestidos, con unos 30 grados de temperatura, las mujeres con sus sarees sentadas en la orilla recibiendo las olas y mojándose con toda la ropa puesta. Qué incomodidad por dios!! Bueno así que pasamos por ahí miramos un poco y seguimos viaje. Siempre mirar al horizonte del mar es lindo, pese a todo.

Y otro paseo casi obligado desde Bombay es la isla Elefante. Está a unos 10 km de la ciudad, se llega en barco, después de una horita de navegación. La isla cuenta con unas cuevas hechas entre los siglos 5 y 8 después de Cristo y está representado el dios hindú Shiva en múltiples estructuras. La obra es maravillosa porque esta hecha adentro de una roca inmensa con imágenes perfectamente talladas. Tan maravillosa que la historia duda de si fue construida por la mano del hombre o por los propios dioses.. Si bien se notan muy deterioradas principalmente porque cuando llegaron los portugueses en el 1500 las dañaron mucho. Pero después de año de abandono en 1970 las cuevas fueron restauradas y en 1987 declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La entrada cuesta unos 10 dólares, pero creo que vale la pena conocerlas.


Puerta de India y Taj Palace Hotel

Las tres caras de Shiva - Cuevas de la Isla Elefante


Así conocimos otra provincia de India, fue Rajasthan primero, Maharastra ahora y nos vamos para la provincia de Goa. Acá la gente es distinta que en Rajasthan, gente de ciudad que no prestan demasiada atención al extranjero (salvo que salgas con short como decidí hacerlo un día! erroooorrrr). Pero algunas cosas no cambian. Y es que tienen cosas que cada día tolero menos. Y no hablo de los ruidos desagradables que generan con su boca. Hablo de lo sucios que son. Hoy volviendo en el barco de la Isla Elefante tuve una situación. Un abuelo con sus tres nietos.. se les cayó una botella de agua vacía al suelo, llegó a mis pies y se las quise alcanzar, a lo que el abuelo me hizo una seña de "tirala al mar" No! le dije. No podía creerlo. Y eso hacen porque a los 5 segundos otro de más atrás tiró su botella vacía al mar y otro el paquete vacío de las papas que se había comido. Todo al mar, todo al suelo, todo afuera, sin entender que nada se va a afuera todo queda adentro. Me indigné, me enojé, intenté explicarle a esa nena que tirar una botella al mar es matar a cientos de peces que van a intentar comerla.. pero no hablaba inglés asi que fue inútil. Pero si entendieron mi enojo y su reacción fue de desconcierto y hasta de risa.. "que le pasa a esta loca?" habrán pensado. Y ese no cuidado de lo ajeno es lo que me enoja porque nada nos es ajeno a decir verdad. Y me entristece que ni los nenes se alteren ante semejante "descuido". Nose qué pretenden, nose qué piensan, no los entiendo y no acepto ese comportamiento. Y ahí fue mi descargo, evidentemente todavía me dura el enojo jaj Pero acá seguimos..  conociendo esta cultura que cada día me gusta un poco menos...

sábado, 7 de enero de 2017

Bombay, el GIGANTE


 Hace poco más de 24 horas que estamos en la ciudad más potente de la India. Según dicen la ciudad donde los sueños se hacen realidad. Inmensa y apabullante en un principio pero con ese ritmo de gran ciudad en el que sabemos vivir y que a pesar de las diferencias no deja de hacernos sentir cierta comodidad. Esa sensación de que todo, lo que busques está al alcance de la mano, o a unas pocas cuadras. Eso que se siente en las grandes ciudades del mundo y por estos días estamos en una.

Pensando en qué fue lo primero que me impactó no tengo dudas, su arquitectura. La influencia británica se siente más acá que en ningún otro lado de la India, creemos y así hemos leído. Son edificios impresionantes, con sus gárgolas, con sus relojes ingleses con un estilo tan particular que uno puede por momentos sentirse en Oxford, por supuesto que basta con bajar la mirada y caer que no es Oxford, es India. El tráfico y la cantidad de gente que circula por las veredas fue el segundo impacto. Claro que los bocinazos y el desorden no nos sorprendió para nada, de hecho acá casi todos respetan el semáforo y se puede cruzar tranquilo en algunas esquinas. Y la cantidad de gente, es algo que esperábamos. En un país con más de 130 millones de habitantes, esta ciudad contiene a 22 millones, no le falta mucho para alcanzar los que somos en total en Argentina. Y con respecto a la gente se pone en evidencia por ejemplo por los puestos de trabajo inventados. Cualquier hotelito, sin importar su categoría cuenta con unos 4 o 5 empleados de movida. Asó como botones, uno te abre la puerta, otro te toma los datos, otro sale a hacer las fotocopias de tus pasaportes, otro aprieta el botón del ascensor, el otro te da el papelito con la clave de Wi Fi y un último te muestra las instalaciones. Todos uniformados, y cumpliendo sus tareas. Lo primero que pensé fue que con tanta gente necesitan crear muchos puestos de trabajo y acá se las ingenian muy bien.

Nos alojamos en el barrio Colaba, que si uno mira en el mapa es casi en la punta de la península. Un barrio con un sello británico en cada centímetro de sus edificaciones. Con una avenida principal repleta de comercios, cerrados y abiertos. Porque a los locales convencionales le sumamos las veredas con tiendas, toda la vereda con tiendas. El espacio para caminar por la avenida es demasiado acotado asi que optas por ir por la calle o meterte en las calles internas. Ahí si, bellísimo, tranquilo, la verdad que el barrio no tiene desperdicio, y así te lo cobran también. Los hoteles son muy feos, con paredes sin pintar, con habitaciones oscuras, chiquitas, pero pagas mucho por un espacio pequeño en este lindo Colaba..


Y en tercer lugar lo que destaca en las primeras horas es el mar. Al estar en una península el mar nos rodea por los dos lados. En nuestro caso estamos más cerca de una de las costas, que cuenta con un paseo para caminar y que además contiene a la popular Indian Gate, una estructura al estilo arco del triunfo construida en homenaje al rey de Inglaterra que visitó estas tierras en 1911. Foto obligada en la puerta de India, es muy alta y gruesa, y como todo monumento importante, después de ver muchas fotos, tenerlo en frente emociona..  

Indian Gate

Victoria Train Station - Bombay

Marine Drive - Bombay

jueves, 5 de enero de 2017

Acercándonos al hinduísmo

Elegimos quedarnos hasta el 5 de enero en Udaipur. Teníamos que buscar actividades para hacer en la ciudad, o alrededor, por lo que nos acercamos a una agencia para consultar sobre el tour típico, el Templo de Ranakpur y el Fuerte de Kumbhalgarh.
En la agencia conocimos a un matrimonio de españoles, de Valencia, Mariano y Piedad. Conversamos bastante con ellos ahí en la agencia y la charla siguió en un restaurant donde nos juntamos a cenar. Disfrutar de diálogos que fluyen es una de las mejores cosas de viajar.
Resultó que nuestro plan de visitar el Templo de Ranakpur se quedó truncado porque el precio era demasiado alto para sólo nosotros dos y preferimos esperar al menos al otro día por si llegaban dos turistas más con quienes pudiésemos compartir el auto del tour. Lo que si sacamos en limpio fue un día de visitas a dos templos alejados de la ciudad, uno a 30km y el otro a 50km, a dónde podíamos ir en bus público, tal cual nos explicaron los españoles.

Asi fue que al otro día nos fuimos en tuc tuc hasta la estación de buses y ahí entre gritos localizamos el que iba a Eklingji. Uno se sube y se sienta y al ratito aparece un hombre con una maquinita tipo posnet y te cobra el boleto, el mismo hombre que se baja en las estaciones y grita los destinos a los que va el bus en busca de más pasajeros. Media hora de viaje y llegamos a Eklingji, a la puerta de un templo. La verdad no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Ni bien entramos nos sacamos los zapatos y los dejamos en un costadito casi entremezclados con unos 500 pares más.. y nos pusimos en una fila, una de mujeres, otra de hombres. Estábamos ahí a la espera de que se abra el templo, al parecer llegamos justo para el inicio de la ceremonia. Lo que paso a las 10:30 en punto fue que empezamos a entrar y siguiendo un recorrido  bien delimitado, subimos unas escaleras y pasábamos caminando por enfrente de uno de sus dioses más adorados. Para nosotros una estatua negra con ojos blancos que te miraban fijamente. Adoración ante este dios y todos intentando verlo más, un segundo más, no querían avanzar, gente que ordenaba la situación (seguridad) los empujaba para que avanzaran. Una devoción difícil de contar, hay que vivirlo y ser parte del momento. Así pasamos por el primer templo que hay que decir está muy lindo, con torres completamente talladas y figuras hinduistas por todas partes.

Salimos del templo y nos encaminábamos a la segunda parada Nathwada, allí teníamos que llegar a tiempo también para la ceremonia. El colectivo paso a la hora exacta y en media hora llegamos.  Acá nos pasó algo curioso. Notamos que en el bus había demasiada policía y al ratito nos dimos cuenta que tres pasajeros iban esposados a los asientos del bus. Entendemos que se trataría de un traslado y quizás por falta de presupuesto lo hacían en el bus público. Por lo menos esa fue la historia que nos armamos nosotros.

En fin llegamos a nuestro segundo templo, era un pueblo y no se veía templo alguno. Nadie hablaba inglés así que nos limitamos a decir “Temple?” “Temple?” y nos señalaban con la mano en una dirección. Caminamos unos 20 minutos y llegamos a un mercado ahí apareció una chica que se acercó a preguntarnos de dónde éramos, hablaba inglés y con ella llegamos al templo. Dejamos los zapatos en el lugar indicado, elegimos el casillero 79, aunque están abiertos, pero vale para recordar donde quedaron. También nos hicieron guardar los celulares, algo que no nos había pasado en otro templo. Así, despojados, entramos. Acá parecía un poco más desordenado hasta llegar a un salón donde estaban todos, y al frente de todos el mismo dios, en una estatua un poco más grande, pero de color negro y con unos ojos blancos saltones que te miraban fijamente. Nos dijeron que a ese dios se le pide dinero, y nunca está de más así que le pedimos también. Mujeres y hombres estaban en sectores diferentes. A Diego lo agarró un policía, a mi una mujer policía y a los dos nos llevaron al centro de la sala y nos indicaban que recemos mirando al dios. Fue muy graciosa la situación, todo a los empujones y a las apuradas. Como si les causara gracia vernos ahí y ellos también se divertían con nosotros. Todos con sus brazos en alto y rezando, hasta que las puertas que rodeaban al dios se cerraron, bastó para que gritaran y abuchearan porque no podían ver más al Dios. Las puertas se volvieron a abrir y la fiesta se volvió a encender. Nosotros seguíamos ahí, en el medio de toda la gente, mirándonos entre nosotros cada tanto y siguiendo los movimientos de los fieles. Esta historieta de te cierro y te abro la puerta sucedió tres veces. Hasta que luego de la tercera automáticamente todos empezaron a salir. Los únicos que no sabíamos como era esa movida éramos nosotros, claramente. Y sucede que todo esto lo hacen 4 veces por día.  El templo abre y cierra a determinada hora para que puedan ver al dios. La gente entra lo ve y tiene que salir. A esperar a la próxima hora en que se vuelvan a abrir las puertas.


Salimos del templo y se viene el momento del día. El casillero 79 sólo tenía las zapatillas de Diego, las mías no estaban. A nadie más le faltó su calzado y todos se mostraban excesivamente sorprendidos de que mi calzado no estuviese. Me llevaban a revisar toda montaña de zapatos que había alrededor, tenían que estar decían, pero no estaban.  Fue extraño la verdad pero nos acercamos el mercado y compramos unas ojotas para poder volver al hotel. Muchos se acercaron a ayudar y hasta me querían dar plata para comprar calzado nuevo. No entendían porque yo me angustiaba, porque claro que me dio cierta bronca, y me hacían un gesto con su mano como diciendo “déjalo ir”… Y justamente eso es algo que me plantié aprender en este viaje desde un principio, dejar ir, soltar, y seguir adelante.

martes, 3 de enero de 2017

AÑO NUEVO EN INDIA

Y recibimos el año en India, como estaba previsto. Creíamos que estaríamos en Mumbai pero no fue así y lo pasamos en Udaipur. En donde todavía estamos. El 5 de enero, viajamos en tren nocturno para la ciudad donde los sueños se hacen realidad..

Llegamos a la última ciudad del Rajasthan que vamos a conocer. Vinimos desde Jodhpur en bus, que tardó unas 6 horas, fueron menos de 400 kilómetros pero acá todo es más lento. Cuando van manejando uno siente que van a 150km por hora, aunque van a 70, y entre tanta frenada y lo caótico que se pone por momentos el tráfico, todo se demora más..  El viaje estuvo bien y a la 1 de la tarde estábamos en Udaipur. 

Desde el micro se veía una ciudad muy turística, andaba mucha gente (eso no era novedad) y los negocios estaban mejor armados, parecía una ciudad con una categoría un tanto más elevada de lo que veníamos conociendo. Asi que tomamos la decisión ahí nomás de quedarnos hasta el 5 y ese día viajar a Bombay. Por lo cual de la estación de bus nos fuimos a sacar el pasaje de tren. Ya estamos bastante cancheros en esto. Tenés que completar un formulario. Es clave que sepas el número de tren en el que queres viajar. Pones tus datos, cuantos asientos son y que categoría queres. Asi te presentas en la ventanilla y te cobran y dan el pasaje. Algunas cosas curiosas de esto es por ejemplo que aunque haya una fila larga de hombres para comprar pasajes, si sos mujer podes meterte por el costadito, y también si sos extranjero. Así que a meterse codear un poquito y sacar el pasaje rápido. Nadie te va a decir nada, nadie se va a enojar, si pueden empujarte un poco pero sólo eso. Y además que aunque mires por internet y aparezca que no hay más asientos disponibles, siempre guardan lugares para los extranjeros. Por eso hay que acercarse a la estación y preguntar.

Teníamos el pasaje al próximo destino, con eso tomamos un tuk tuk y le pedimos que nos acercara al Lago Pichola (donde está el sector más turístico) y ahi se venía otra aventura porque.. no habíamos conseguido habitación asi que teníamos que buscar.. parece que todo estaba "Sold Out".

Bueno por suerte todo fue bastante rápido, conseguimos una habitación que no nos gustó mucho, y otra mejor para las 4 noches restantes. Esa noche era año nuevo y el clima en la ciudad era de fiesta. No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar pero nos sorprendió. Yo personalmente me sentía en plena avenida 3 de Villa Gesell con la gente yendo y viniendo porque se venía la hora de la cena ;)

Esa noche cenamos en un resto al lado del lago, y esperamos las 12 en un puente que cruza el Pichola. Linda sorpresa con la cantidad del fuegos artificiales que tiraron. Esta bien que son más los que tiran cada noche en Disney World, pero fue más de lo que esperábamos. Así que el clima fue de alegría y buena onda. Ahí en el puente, sobre el lago Pichola de Udaipur, recibimos el 2017.

Y poco después de las 12 nos fuimos a dormir. El clima se empezó a poner un poco denso. Habíamos leído que cuando los indios se emborrachan se ponen pesados y los turistas ya nos les caen nada bien. Ellos no toman alcohol y en ocasiones así que si lo hacen enseguida se emborrachan por no tener una cultura alcohólica. Preferimos evitar cualquier mal rato y nos fuimos a dormir. 

Todavía estamos en  esta ciudad, que es tranquila y nos sentimos cómodos. Sin embargo hay muchas cosas de India que están intentando quebrar nuestra paciencia. A nuestro ver son muy asquerosos en su comportamiento. Escupen, eructan, y hacen pis por todos lados, mucho, todo el tiempo. Es verdad que ya lo sabíamos y al principio todo es gracioso, pero con el paso de los días se vuelve un poco molesto. Caminar por las calles es una odisea porque las motos son como balas que atraviesan las calles y a las que debes esquivar cada segundo. Y vienen acompañadas de bocinazos que te perforan los tímpanos. Ya decidimos salir a caminar con tapones en los oídos. Los animales, que son tantos y tan variados, andan por todos lados. Si, entre las motos, los autos y nosotros. Y sus heces también por supuesto. En ese campo minado caminamos a diario. Es entendible como a las 10 de la noche caemos rendidos de cansancio. Somos distintos, muy. Y supongo que es lógico que todo esto nos abrume. Que cuando pasa el asombro y la gracia se vuelve inaceptable por momentos. Pero esta no es nuestra realidad y tampoco la elegiríamos para siempre, por lo que acercarse y echar un vistazo a lo que pasa en este rincón del planeta no deja de ser emocionante y cautivante para los ojos de cualquier viajero.. 

Picchola Lake - Udaipur - India