sábado, 7 de enero de 2017

Bombay, el GIGANTE


 Hace poco más de 24 horas que estamos en la ciudad más potente de la India. Según dicen la ciudad donde los sueños se hacen realidad. Inmensa y apabullante en un principio pero con ese ritmo de gran ciudad en el que sabemos vivir y que a pesar de las diferencias no deja de hacernos sentir cierta comodidad. Esa sensación de que todo, lo que busques está al alcance de la mano, o a unas pocas cuadras. Eso que se siente en las grandes ciudades del mundo y por estos días estamos en una.

Pensando en qué fue lo primero que me impactó no tengo dudas, su arquitectura. La influencia británica se siente más acá que en ningún otro lado de la India, creemos y así hemos leído. Son edificios impresionantes, con sus gárgolas, con sus relojes ingleses con un estilo tan particular que uno puede por momentos sentirse en Oxford, por supuesto que basta con bajar la mirada y caer que no es Oxford, es India. El tráfico y la cantidad de gente que circula por las veredas fue el segundo impacto. Claro que los bocinazos y el desorden no nos sorprendió para nada, de hecho acá casi todos respetan el semáforo y se puede cruzar tranquilo en algunas esquinas. Y la cantidad de gente, es algo que esperábamos. En un país con más de 130 millones de habitantes, esta ciudad contiene a 22 millones, no le falta mucho para alcanzar los que somos en total en Argentina. Y con respecto a la gente se pone en evidencia por ejemplo por los puestos de trabajo inventados. Cualquier hotelito, sin importar su categoría cuenta con unos 4 o 5 empleados de movida. Asó como botones, uno te abre la puerta, otro te toma los datos, otro sale a hacer las fotocopias de tus pasaportes, otro aprieta el botón del ascensor, el otro te da el papelito con la clave de Wi Fi y un último te muestra las instalaciones. Todos uniformados, y cumpliendo sus tareas. Lo primero que pensé fue que con tanta gente necesitan crear muchos puestos de trabajo y acá se las ingenian muy bien.

Nos alojamos en el barrio Colaba, que si uno mira en el mapa es casi en la punta de la península. Un barrio con un sello británico en cada centímetro de sus edificaciones. Con una avenida principal repleta de comercios, cerrados y abiertos. Porque a los locales convencionales le sumamos las veredas con tiendas, toda la vereda con tiendas. El espacio para caminar por la avenida es demasiado acotado asi que optas por ir por la calle o meterte en las calles internas. Ahí si, bellísimo, tranquilo, la verdad que el barrio no tiene desperdicio, y así te lo cobran también. Los hoteles son muy feos, con paredes sin pintar, con habitaciones oscuras, chiquitas, pero pagas mucho por un espacio pequeño en este lindo Colaba..


Y en tercer lugar lo que destaca en las primeras horas es el mar. Al estar en una península el mar nos rodea por los dos lados. En nuestro caso estamos más cerca de una de las costas, que cuenta con un paseo para caminar y que además contiene a la popular Indian Gate, una estructura al estilo arco del triunfo construida en homenaje al rey de Inglaterra que visitó estas tierras en 1911. Foto obligada en la puerta de India, es muy alta y gruesa, y como todo monumento importante, después de ver muchas fotos, tenerlo en frente emociona..  

Indian Gate

Victoria Train Station - Bombay

Marine Drive - Bombay

jueves, 5 de enero de 2017

Acercándonos al hinduísmo

Elegimos quedarnos hasta el 5 de enero en Udaipur. Teníamos que buscar actividades para hacer en la ciudad, o alrededor, por lo que nos acercamos a una agencia para consultar sobre el tour típico, el Templo de Ranakpur y el Fuerte de Kumbhalgarh.
En la agencia conocimos a un matrimonio de españoles, de Valencia, Mariano y Piedad. Conversamos bastante con ellos ahí en la agencia y la charla siguió en un restaurant donde nos juntamos a cenar. Disfrutar de diálogos que fluyen es una de las mejores cosas de viajar.
Resultó que nuestro plan de visitar el Templo de Ranakpur se quedó truncado porque el precio era demasiado alto para sólo nosotros dos y preferimos esperar al menos al otro día por si llegaban dos turistas más con quienes pudiésemos compartir el auto del tour. Lo que si sacamos en limpio fue un día de visitas a dos templos alejados de la ciudad, uno a 30km y el otro a 50km, a dónde podíamos ir en bus público, tal cual nos explicaron los españoles.

Asi fue que al otro día nos fuimos en tuc tuc hasta la estación de buses y ahí entre gritos localizamos el que iba a Eklingji. Uno se sube y se sienta y al ratito aparece un hombre con una maquinita tipo posnet y te cobra el boleto, el mismo hombre que se baja en las estaciones y grita los destinos a los que va el bus en busca de más pasajeros. Media hora de viaje y llegamos a Eklingji, a la puerta de un templo. La verdad no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Ni bien entramos nos sacamos los zapatos y los dejamos en un costadito casi entremezclados con unos 500 pares más.. y nos pusimos en una fila, una de mujeres, otra de hombres. Estábamos ahí a la espera de que se abra el templo, al parecer llegamos justo para el inicio de la ceremonia. Lo que paso a las 10:30 en punto fue que empezamos a entrar y siguiendo un recorrido  bien delimitado, subimos unas escaleras y pasábamos caminando por enfrente de uno de sus dioses más adorados. Para nosotros una estatua negra con ojos blancos que te miraban fijamente. Adoración ante este dios y todos intentando verlo más, un segundo más, no querían avanzar, gente que ordenaba la situación (seguridad) los empujaba para que avanzaran. Una devoción difícil de contar, hay que vivirlo y ser parte del momento. Así pasamos por el primer templo que hay que decir está muy lindo, con torres completamente talladas y figuras hinduistas por todas partes.

Salimos del templo y nos encaminábamos a la segunda parada Nathwada, allí teníamos que llegar a tiempo también para la ceremonia. El colectivo paso a la hora exacta y en media hora llegamos.  Acá nos pasó algo curioso. Notamos que en el bus había demasiada policía y al ratito nos dimos cuenta que tres pasajeros iban esposados a los asientos del bus. Entendemos que se trataría de un traslado y quizás por falta de presupuesto lo hacían en el bus público. Por lo menos esa fue la historia que nos armamos nosotros.

En fin llegamos a nuestro segundo templo, era un pueblo y no se veía templo alguno. Nadie hablaba inglés así que nos limitamos a decir “Temple?” “Temple?” y nos señalaban con la mano en una dirección. Caminamos unos 20 minutos y llegamos a un mercado ahí apareció una chica que se acercó a preguntarnos de dónde éramos, hablaba inglés y con ella llegamos al templo. Dejamos los zapatos en el lugar indicado, elegimos el casillero 79, aunque están abiertos, pero vale para recordar donde quedaron. También nos hicieron guardar los celulares, algo que no nos había pasado en otro templo. Así, despojados, entramos. Acá parecía un poco más desordenado hasta llegar a un salón donde estaban todos, y al frente de todos el mismo dios, en una estatua un poco más grande, pero de color negro y con unos ojos blancos saltones que te miraban fijamente. Nos dijeron que a ese dios se le pide dinero, y nunca está de más así que le pedimos también. Mujeres y hombres estaban en sectores diferentes. A Diego lo agarró un policía, a mi una mujer policía y a los dos nos llevaron al centro de la sala y nos indicaban que recemos mirando al dios. Fue muy graciosa la situación, todo a los empujones y a las apuradas. Como si les causara gracia vernos ahí y ellos también se divertían con nosotros. Todos con sus brazos en alto y rezando, hasta que las puertas que rodeaban al dios se cerraron, bastó para que gritaran y abuchearan porque no podían ver más al Dios. Las puertas se volvieron a abrir y la fiesta se volvió a encender. Nosotros seguíamos ahí, en el medio de toda la gente, mirándonos entre nosotros cada tanto y siguiendo los movimientos de los fieles. Esta historieta de te cierro y te abro la puerta sucedió tres veces. Hasta que luego de la tercera automáticamente todos empezaron a salir. Los únicos que no sabíamos como era esa movida éramos nosotros, claramente. Y sucede que todo esto lo hacen 4 veces por día.  El templo abre y cierra a determinada hora para que puedan ver al dios. La gente entra lo ve y tiene que salir. A esperar a la próxima hora en que se vuelvan a abrir las puertas.


Salimos del templo y se viene el momento del día. El casillero 79 sólo tenía las zapatillas de Diego, las mías no estaban. A nadie más le faltó su calzado y todos se mostraban excesivamente sorprendidos de que mi calzado no estuviese. Me llevaban a revisar toda montaña de zapatos que había alrededor, tenían que estar decían, pero no estaban.  Fue extraño la verdad pero nos acercamos el mercado y compramos unas ojotas para poder volver al hotel. Muchos se acercaron a ayudar y hasta me querían dar plata para comprar calzado nuevo. No entendían porque yo me angustiaba, porque claro que me dio cierta bronca, y me hacían un gesto con su mano como diciendo “déjalo ir”… Y justamente eso es algo que me plantié aprender en este viaje desde un principio, dejar ir, soltar, y seguir adelante.

martes, 3 de enero de 2017

AÑO NUEVO EN INDIA

Y recibimos el año en India, como estaba previsto. Creíamos que estaríamos en Mumbai pero no fue así y lo pasamos en Udaipur. En donde todavía estamos. El 5 de enero, viajamos en tren nocturno para la ciudad donde los sueños se hacen realidad..

Llegamos a la última ciudad del Rajasthan que vamos a conocer. Vinimos desde Jodhpur en bus, que tardó unas 6 horas, fueron menos de 400 kilómetros pero acá todo es más lento. Cuando van manejando uno siente que van a 150km por hora, aunque van a 70, y entre tanta frenada y lo caótico que se pone por momentos el tráfico, todo se demora más..  El viaje estuvo bien y a la 1 de la tarde estábamos en Udaipur. 

Desde el micro se veía una ciudad muy turística, andaba mucha gente (eso no era novedad) y los negocios estaban mejor armados, parecía una ciudad con una categoría un tanto más elevada de lo que veníamos conociendo. Asi que tomamos la decisión ahí nomás de quedarnos hasta el 5 y ese día viajar a Bombay. Por lo cual de la estación de bus nos fuimos a sacar el pasaje de tren. Ya estamos bastante cancheros en esto. Tenés que completar un formulario. Es clave que sepas el número de tren en el que queres viajar. Pones tus datos, cuantos asientos son y que categoría queres. Asi te presentas en la ventanilla y te cobran y dan el pasaje. Algunas cosas curiosas de esto es por ejemplo que aunque haya una fila larga de hombres para comprar pasajes, si sos mujer podes meterte por el costadito, y también si sos extranjero. Así que a meterse codear un poquito y sacar el pasaje rápido. Nadie te va a decir nada, nadie se va a enojar, si pueden empujarte un poco pero sólo eso. Y además que aunque mires por internet y aparezca que no hay más asientos disponibles, siempre guardan lugares para los extranjeros. Por eso hay que acercarse a la estación y preguntar.

Teníamos el pasaje al próximo destino, con eso tomamos un tuk tuk y le pedimos que nos acercara al Lago Pichola (donde está el sector más turístico) y ahi se venía otra aventura porque.. no habíamos conseguido habitación asi que teníamos que buscar.. parece que todo estaba "Sold Out".

Bueno por suerte todo fue bastante rápido, conseguimos una habitación que no nos gustó mucho, y otra mejor para las 4 noches restantes. Esa noche era año nuevo y el clima en la ciudad era de fiesta. No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar pero nos sorprendió. Yo personalmente me sentía en plena avenida 3 de Villa Gesell con la gente yendo y viniendo porque se venía la hora de la cena ;)

Esa noche cenamos en un resto al lado del lago, y esperamos las 12 en un puente que cruza el Pichola. Linda sorpresa con la cantidad del fuegos artificiales que tiraron. Esta bien que son más los que tiran cada noche en Disney World, pero fue más de lo que esperábamos. Así que el clima fue de alegría y buena onda. Ahí en el puente, sobre el lago Pichola de Udaipur, recibimos el 2017.

Y poco después de las 12 nos fuimos a dormir. El clima se empezó a poner un poco denso. Habíamos leído que cuando los indios se emborrachan se ponen pesados y los turistas ya nos les caen nada bien. Ellos no toman alcohol y en ocasiones así que si lo hacen enseguida se emborrachan por no tener una cultura alcohólica. Preferimos evitar cualquier mal rato y nos fuimos a dormir. 

Todavía estamos en  esta ciudad, que es tranquila y nos sentimos cómodos. Sin embargo hay muchas cosas de India que están intentando quebrar nuestra paciencia. A nuestro ver son muy asquerosos en su comportamiento. Escupen, eructan, y hacen pis por todos lados, mucho, todo el tiempo. Es verdad que ya lo sabíamos y al principio todo es gracioso, pero con el paso de los días se vuelve un poco molesto. Caminar por las calles es una odisea porque las motos son como balas que atraviesan las calles y a las que debes esquivar cada segundo. Y vienen acompañadas de bocinazos que te perforan los tímpanos. Ya decidimos salir a caminar con tapones en los oídos. Los animales, que son tantos y tan variados, andan por todos lados. Si, entre las motos, los autos y nosotros. Y sus heces también por supuesto. En ese campo minado caminamos a diario. Es entendible como a las 10 de la noche caemos rendidos de cansancio. Somos distintos, muy. Y supongo que es lógico que todo esto nos abrume. Que cuando pasa el asombro y la gracia se vuelve inaceptable por momentos. Pero esta no es nuestra realidad y tampoco la elegiríamos para siempre, por lo que acercarse y echar un vistazo a lo que pasa en este rincón del planeta no deja de ser emocionante y cautivante para los ojos de cualquier viajero.. 

Picchola Lake - Udaipur - India

domingo, 1 de enero de 2017

Rajahstán, tierra de Maharajas

La increíble India cuenta con 28 estados. Cada uno de ellos es prácticamente un país distinto. Con sus propias comidas, su propio lenguaje, sus tipos de casas, su gente, su ropa, su estilo. Durante las primeras 3 semanas en India recorrimos la provincia del Rajahstán. Tierra de Maharajas (reyes), palacios y Fuertes. Las ciudades más turísticas del Rajashtán: Jaipur, Jaisalmer, Jodhpur y Udaipur. En el medio cientos de pueblos pequeños, en nuestro caso pasamos por Pushkar, el único lugar en el mundo que cuenta con un templo Brahma Y un lago sagrado. Se dice que por allí paso el Rey Brahma y que al colocar una flor de loto en el suelo nació un lago. Hoy ese lago es uno de los lugares más sagrados para la religión hinduísta. Cada ciudad tiene alguna característica que lo vuelve especial, también como una forma de captar al turista, y en busca de eso fuimos.

Jaipur

La ciudad rosa, Jaipur cuenta con uno de los palacios más lindos del Rajahstán, el City Palace. La entrada cuesta 500 rupias, unos 6 dólares. Recorrerlo es caminar por los pasillos de un lugar habitado por reyes, con todo su lujo y excentricidades. Con puertas talladas increíblemente. Con patios y terrazas que ofrecen las mejores vistas de la ciudad. Allí hay terrazas con ventanas pequeñas que dan a la calle, eran ventanas para que las mujeres del palacio pudieran ver que pasaba en el pueblo sin ser vistas. El área donde están los monumentos históricos se concentra en unas pocas cuadras. Además del Palacio visitamos el Hawa Mahal (traducido: Palacio de los vientos) y Jantar Mantar, el primer centro astronómico. A los Maharajas les encantaba la astronomía por lo que crearon elementos de medición de las luces y las sombras para medir el tiempo, para estudiar la luna y el sol. Es muy interesante pero no tomamos guía para recorrerlo y capaz ahí es importante que alguien pueda explicarte un poco mejor cómo se usaba cada elemento. Pero más allá de los límites del sector más turístico hay una ciudad enorme. Tuvimos la suerte de recorrerla con un amigo hindú, Anurag, que conocimos en Agra. Con él viajamos en el colectivo público y recorrimos nuevos sectores de Jaipur. Barrios más elegantes y ordenados, con grandes edificaciones. Llegamos a un shopping hiper moderno, al nivel de lo que debe haber en Dubai. Una torre inmensa, espejada, con las mejores tiendas de ropa, joyas, comida. Quedamos impactados con semejante construcción.
Pero de todo esto hay algo que nos impactó mucho y fue el Amer Fort. El fuerte de Jaipur es bellísimo. Como todo fuerte, en las alturas, mirando a toda la ciudad desde allí, de día y de noche el espectáculo es diferente. Tuvimos la suerte de ver las dos caras. Un paseo imperdible sin dudas.


Amer Fort


Palacio de los Vientos

Una ventanita para espiar

Anurag, nuestro primer amigo indio




Gracias a Anurag nuestro paso por Jaipur se volvió mucho más amigable. Son ciudades que pueden abrumarte en un principio. No conocer las calles, no saber donde ir a comer o comprar y tener que ubicarte rápidamente no es sencillo pero lo venimos logrando y más cuando nos encontramos con gente que nos da una mano. Con un tren mañanero salimos de Jaipur rumbo a Ajmer desde donde tomaríamos un bus para ir a una ciudad que estaba a 11 km, Pushkar.


Pushkar

Uno de los lugares más sagrados de la India. Se dice que un indio debe pasar al menos una vez en su vida por allí. Pushkar es un oasis en el pasaje por el norte de India. Es chiquito, con muchisimas tiendas por visitar y con unos atardeceres maravillosos. La verdad que la laguna domina absolutamente todo. Los rezos del atardecer son tan atractivos de ver y admirar que cada día es una cita obligada. Y a pesar de ser pequeño, Pushkar está muy bien preparado para recibir al turista. Recomendado entre los mochileros como un lugar de excepción que no puedes dejar de visitar, ahí estuvimos. Dos noches en un hotel súper barato. Imaginen que las dos noches las pagamos 150 pesos (los dos!) Precios que no volvimos a encontrar.. y estaba bastante bien. Todos los hoteles tienen sus terrazas, es un must por estos lados. Siempre allí está el restaurant y sillones y almohadones para la meditación y el yoga. Caminamos por sus callecitas nos hicimos amigos de un puesto de chais a los que visitábamos al menos una vez por día (a veces hasta tres). recorrimos varias veces la laguna y descansamos un poco del acoso de vendedores, acá se volvió todo un poco más tranquilo...

Vistas del Lago de Pushkar

Templo hinduísta




Jaisalmer

Jaisalmer y su Fuerte. Hermoso, imponente, todo un espectáculo. El casco histórico es el Fuerte y todo sucede dentro de él. El Fuerte se construyó hace 850 años y hace unos 300 las familias que allí vivían empezaron a convertir a sus casas en Guest Houses y en tiendas de artesanías, ropas, masajes, productos de ayurveda y lo que se te ocurra. Todo esto volvió al fuerte un espacio super turístico, para recorrerlo a paso lento, subidas, bajadas, vacas, perros, y gente. Para nuestra visita eran vacaciones de invierno en India asi que había mucha gente. Pudimos alojarnos dentro del Fuerte asi que la experiencia estuvo buenisima. Entrábamos y salíamos a comprar cosas pero volvíamos al Fuerte. Por la noche era todo para nosotros, si bien está abierto siempre, son pocos los turistas que se animan a perderse en sus calles laberínticas cuando ya no está la luz del sol. 

En Jaisalmer es muy popular la excursión al Desierto de Thar. La ciudad está pegada a este desierto y todos llegamos a Jaisalmer con la ilusión de andar a camello por grandes mares de arena y dormir bajo las estrellas. Bueno lo hicimos. La experiencia estuvo buena, ninguna locura a decir verdad. El desierto no es arena pura. Sólo en unos sectores hay arena y nada más que arena, la gran mayoría tiene mucha plantación, y un poco se cayó la imagen que teníamos del desierto soñado. Pero igualmente es muy bello. Hay varias villages por allí, gente que vive en el desierto. Con casas muy precarias, todo muy precario. Llegamos con la excursión a una de estas casas que nos invitaba a pasar y basto que nos vean para que me pidan el reloj, la remera, lapiceras, chocolates, 10 rupias, lo que sea.. 
Y por la noche dormimos ahí en la arena, bajo un cielo alucinante que pocas veces vi. Cenamos alrededor de un fogón comida preparada allí como todo aca en India. No se puede negar lo fresco que es todo porque cocinan todo en el momento. Dejamos de lado el dato de lo picante que lo hacen jaj pero fresco es!
Jaisalmer es muy lindo. Tres días para la ciudad, dos días para el safari al desierto y a seguir que todavía seguimos conociendo el Rajasthan..


Fuerte de Jaisalmer

Trabajando desde una terraza

Ellos siempre quieren selfies



Excursión al desierto de Thar









Jodhpur

A Jodhpur llegamos en tren. Salimos de Jaisalmer a las 6:30 y llegamos a las 14. Caos total en la ciudad. Veníamos de lugares más tranquilos así que había que acomodarse otra vez. No habíamos podido reservar hotel por falta de Internet por lo que llegamos y tocaba caminar, buscar y regatear precios. Caminamos hasta la parte turística y empezamos a preguntar. Había de todo, lindo, muy feo, muy caro y demasiado barato. Terminamos quedándonos en una habitación cara para lo que veníamos gastando pero que nos gustó. Muy bien ubicada. De Jodhpur puedo decir que es muy fácil perderse porque son todos pasillitos sin salida que te dejan desorientado demasiado rápido. Hay una plaza central, en esta parte histórica, que tiene una torre con un reloj en el centro y alrededor varios mercados, de ropa, zapatos, artículos variados y comidas, frutas y verduras. Mucha gente, muchas motos, mucho todo. Y dominando la escena, acá también, el Fuerte de Jodphur. Las vistas de él desde la ciudad son espectaculares, lo veíamos desde la terraza del hotel en donde las dos noches nos tomamos una cervecita. Y con eso nos quedamos, la entrada costaba 600 rupias cada uno y no le dejamos dias para hacerlo por lo que quedará para una próxima visita. 2 días por acá y partimos para Udaipur. Viajamos el 31 de diciembre para pasar el año nuevo. Última ciudad del norte, última del Rajasthán. Para después empezar a bajar al sur. 
Qué fuerte que es India, cuantas cosas te genera.. en la próxima entrada además de hablarles de la ciudad les voy a contar un poco cómo nos estamos sintiendo.. hasta prontito!

Clock Tower y el Fuerte de fondo

Fuerte de Jodhpur

Tráfico complicado por Jodhpur..

Callecitas de Jodhpur